viernes, 1 de septiembre de 2017

Hoy remata agosto y en sus ojos se refleja el equipaje de la tristura que da la marcha de los amigos, de los vecinos, de los veraneantes, ... Septiembre, una vez más, reparte pensamientos y sentimientos de Bueu en la memoria y en el corazón de los Santi, de los Paco, de las Lucías, de las Lolas y de tantos y tantas que, como las golondrinas, tentarán volver el próximo año.
En homenaje a todos los que habéis estado en Bueu este verano y deseáis regresar... un pequeño relato fruto de una estancia en la playa de Beluso, a mediado de los años sesenta del siglo pasado, de la doctora coruñesa, afincada en Granada, Lina Anguiano, titulado “Unha carta a la playa de Beluso” que a continuación transcribo:
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Calle larga de una hilera de casas que mira a la costa. Un pequeño puerto. Unas redes tendidas al sol. Y barcas, muchas barcas de quilla aplomada que en el país llaman dornas; unas varadas en la arena, otras cabeceando en las aguas de la ría.
A la espalda un valle, el verde valle que asciende hasta Beluso, domina el pueblo y las cercanas playas y las suaves montañas que allá enfrente contornean la lejanía.
Un museo, en cuya fachada unas palabras vibran sobre la piedra, como un himno de gloria a la mar.
Un monumento en granito al pescador, una lonja, unas tiendas con aparejos de pesca. Niños que juegan a ser marineros. Mujeres que van y vienen con cestas de pescado a la cabeza. Hombres curtidos, que a la puerta de una taberna, charlan en grupos al caer la tarde, antes de hacerse a la mar.
Viento salobre, viento de brea que huele a eucalipto y tiene todos los sabores del valle. Viento que desciende del bosque de Beluso, viento insondable del Norte.
Y un mar que brama desde el principio del Tiempo día y noche, día y noche, sin amainarse, sin sosegarse nunca.
Este es Bueu, el pueblo de pescadores, mecido en el regazo de la aldea de Beluso. Este es Bueu.
El rojo amante del faro protege ahora al pueblo que se ha quedado sin hombres. A mi balcón, abierto al presagio de las olas, llega el eco de unos pasos y el dolor de una aguda nostalgia. Unas débiles luces cabrillean en las aguas de la ría. Ligeras nubes ocultan a medias la luna. Pero el cielo es claro y veo cómo emergen las montañas y veo el pueblo y el reloj del museo marinero que marca las horas en Bueu.
No hay voces. No hay murmullos. Nadie vela. Solo el latido del mar y el latido de mi oscura añoranza. Una congoja, la ignota congoja del mar que arrastra las lágrimas de todos los mundos, irrumpe a oleadas en mi alma. La playa de Beluso recoge mi llanto y el nombre de un ensueño que se va.
Mañana habré partido... Mañana.
De cara al aliento de la noche, te doy las gracias y te digo adiós.
Te doy gracias por la luz con que tus ojos me; miraban, por tu sonrisa, por las hondas baladas de tu patria que me brindaste a medianoche la víspera de iros a Bueu.
Te doy gracias por el bondadoso ademán con que tu mano me protegía. Te doy gracias por no haberme abandonado un solo instante. Te doy gracias por todas las atenciones, por todas las pequeñas cosas que me ofrecías a diario. Te doy gracias, gracias siempre por todo lo que he recibido de ti.
Cambiaría mis días más felices por las sencillas comidas en la larga mesa familiar que presidía tu madre. A mi memoria acude una y otra vez la tierna solicitud con que todos los hermanos la obsequiabais a ella y el cálido gesto con que tú te inclinabas para atenderme a mi.
En ocasiones tu madre conversaba con los tres compatriotas que compartían vuestra vida. Hablaba de la cocina, las costumbres y las dulces vivencias que habían quedado en el Este, en el pais natal.      '
Todas mis alegrías las cambiaría por volver a escuchar el suspiro de las olas en aquella mesa. Y las cambiaría por el hermoso paseo que hacíamos todos juntos para asistir el domingo a la parroquia de Bueu.
A ti te gustaba ir por el camino más largo, por un sendero bordeado de árboles que ascendía hasta la iglesia. En el azul de la mañana y de la ría, el saludo de la campana brincaba gozoso por el valle.
Vuestros amigos y tus dos hermanos llevaban a tu madre en el centro. Tú delante, venías siempre conmigo. De vez en cuando llegaban a nosotros algunas frases en tu idioma eslavo. Era tu madre quien hablaba, Tú te volvías hacia el ser querido que había salvado varias fronteras para venir a veros. Te volvías hacia ella con tus claros ojos iluminados de caricias. Luego, sonriendo, me traducías a mi sus palabras ... Y seguíamos caminando.
De pronto dabas un salto para alcanzar la rama de un árbol. O me apartabas delicadamente del sol. O me gastabas una broma. Y me mirabas a los ojos. Y sonreías ... Y seguíamos caminando.
A veces yo me detenía para mirar atrás. Bueu y la playa iban quedándose abajo. A medida que ascendíamos, el paisaje se dilataba, se expandía hasta el horizonte. En la inefable calma de la altura, una visión de montes, de prados y caseríos, de ria, de sol, de verdes y azules, de barcas, de luz y de brisa, parecía desbordarse e inundar de belleza a la tierra. Parada allí, en la cima, escuchando el trémulo secreto de los árboles, yo miraba y miraba. Miraba con los ojos del rostro y miraba con los ojos del alma.
Mañana, ahora mismo, todo esto ya no es más que un recuerdo, el nombre de un ensueño que se va.
Ya para siempre estos días serán mi Tatra, la vieja montaña del Este, donde tú naciste y que acaso nunca la vuelvas a ver.
Una tarde me hablabas de tu infancia. Me hablabas de las Cárpatos, de las veces que habías remado por el río que serpenteaba el Tatra. No era en Bueu donde evocabas tu niñez. Era en otra playa, sentados sobre una roca en un lugar desierto de matojos y peñas, batido por las olas. Habíamos ido hasta allí en lancha. El viento borrascoso del Norte nos azotaba el rostro y sacudía los helechos que crecían al pie de la roca. Tú te detuviste a contemplarlos y pasando la mano por las matas, me preguntaste como se llamaba en mi lengua. Yo te dije el nombre y entonces me diste a conocer una leyenda que los viejos contaban a los niños de tu país.
Según la leyenda, el helecho daba una flor que vivía una sola noche, la noche de San Juan. Había que salir de madrugada a buscarla al resplandor de las hogueras encendidas al pie de las montañas y aquel niño que tuviese la fortuna de encontrarla, podía pedirle tres cosas, las más deseadas, que la flor tenía la virtud de conceder… De pequeños solían hablarte de un niño que en tiempos había hallado la flor... Tú ­decías sonriendo­ no habías encontrado ninguna.
Me referías la leyenda en la roca, de cara a los grises de la tarde, en un paraje que traía a tu memoria el recuerdo del Tatra.
Mañana habré partido y cuando llegue el verano ya no podré ir a la roca a buscar el fruto del helecho la noche de San Juan. Pero si en algún otro lugar la encontrase, pediré a la flor que te sea dado volver al Tatra. Pediré que otra vez te sea dado posar tu mano en los helechos de los Cárpatos y surcar el río donde tú aprendiste a remar en la niñez.
Está subiendo la marea y las olas se estrellan contra el dique donde tú y yo hemos estado sentados esta noche. Sólo hace unas horas y ya parece que el reloj del museo marinero hubiera cesado de latir. Sólo hace unas horas que tú te despojabas del jersey para echarlo blandamente sobre mis hombros. Sólo hace unas horas.
Soplaba el viento y el pueblo se había ido a descansar. Únicamente nosotros permanecíamos sentados en el dique escuchando la ronca sonata de las olas. Toda la noche habríamos deseado quedarnos allí, a la clara luz de Eternidad que bañaba nuestras almas.
Ahora, mientras tú duermes sumergido tal vez en la nostalgia del Tatra, yo contemplo el dique y de nuevo te digo gracias. Gracias por haberme cuidado tan dulcemente. Gracias por la bienvenida que me dispensaste en la carretera con tus hermanos y amigos la tarde que llegué a Bueu. Gracias por las moras, por las rosas silvestres que, atadas en tu pañuelo para que no me pinchase, me ibas ofreciendo esta tarde cuando subíamos por el bosque a la fiesta de Beluso.
Los músicos estaban tocando cuando llegamos arriba.  Un vendedor con un mazo de papeletas se acercó a nosotros. Tú le compraste unos cuantos boletos de una rifa que sorteaban una ternera. Y los dos nos echarnos a reír.
En torno nuestro bullía una algarabía de campesinos que subían a la aldea, de luces, de farolillos, de trajes nuevos, de música y pregones, enmarcado todo por el bosque, los prados y el sol de la tarde que refulgía abajo, en la ría de Bueu.
Entre la gente encontramos a tus dos hermanos y a tus amigos. Al vernos se sonrieron, vinieron a saludarnos y volvieron a dejarnos solos.
Un gaitero se arrancó de pronto con un vals. Los jóvenes se dividieron en parejas. Tú que eres tan alto te inclinaste hacia mi y con un nuevo destello en tus límpidos ojos, me preguntaste sonriendo: «¿Bailamos?». Pero sin saber por qué nos quedamos allí sin movernos. Nos quedamos apoyados en el muro presenciando el baile y todo el escenario de la fiesta.
Durante largos años he estado anhelando este momento. Durante largos años he deseado que me fuera concedido volver a la tierra, compartirla, abarcarla, vivirla de nuevo con una persona allegada a mi corazón. Y ya ves, he podido escuchar en tu compañía la gaita y las canciones que arrullaron mí niñez. Y me he penetrado de todos los errantes espíritus del mar y del viento, cobijada en el calor de una prenda de lana que era tuya. Y he asistido a una misa aldeana con todos vosotros. Y he podido admirar a tu lado las candorosas imágenes de todos los cruceros que nos salían al camino de Beluso. Y ya entre las sombras del ocaso, he regresado contigo por la soledad del bosque. He regresado con tus rosas silvestres en la mano, despidiendo calladamente los caseríos y la ría de Bueu y las chispitas de luz que se iban encendiendo en las aldeas vecinas mientras arriba, a nuestra espalda, quedaban cada vez más lejos el baile y los rumores de la fiesta.
Ahora tengo el corazón lleno de cosas bellas, lleno de Bueu y de vosotros y al mismo tiempo que te doy a ti las gracias, se las doy también a Dios.
La noche está declinando. Dentro de unas horas, cuando vengas tú, como todas las mañanas a buscarme para ir a desayunar con vosotros, yo ya habré partido. Me marcho al amanecer a la hora en que los hombres retornan de la pesca. Me voy con las rosas silvestres que tú me diste esta tarde... Me voy lejos de la tierra, muy lejos de mi Tatra.
No sé a qué lugares me llevará mi destino. Pero, por donde quiera que pase y sepa yo que tú te encuentras allí, iré a verte. Siempre iré a verte.
La flor del helecho que vive sólo una madrugada, ha florecido esta noche. Es la ofrenda que te hago en memoria del Tatra. Es mi última mirada. Es mi adiós.
A ti mar de Beluso, que seguirás hollando en el dique el lamento de todos los que pasaron, que seguirás cantando día y noche tu sombría cantinela a los niños que quedan y a todos los que hayan de venir; a ti playa de Beluso, te dejo mi carta. En ella te entrego mi silencio, te entrego mi llanto y el nombre de un ensueño que se va.



sábado, 12 de agosto de 2017

Han leído bien. Cada vez que un coche del servicio público (alquilado o de línea) circulaba por cualquiera de las calles de Bueu tenía que pagar. En 1902 la cantidad era de veinte céntimos. Me pareció interesante ver un Presupuesto Municipal de Bueu de inicio del siglo XX en el queda reflejada la recaudación a través de los Arbitrios para procurar equiparar ingresos y gastos. Del mismo se pueden extraer muchas conclusiones; y para hacerlas visibles nos fijaremos en la siguiente certificación:
Don José Plácido Lino González Secretario del Ayuntamiento de Bueu
Certifico: que en el acta levantada con motivo de la Sesión celebrada por la Junta Municipal en veinte y cinco de septiembre último a la que asistieron los señores que suenan al margen, aparece entre otras, el particular que dice así:

 “Seguidamente en la propia forma y por mandato de la presidencia, se leyó por mi el infrascrito Secretario en alta e inteligible voz el Presupuesto Municipal ordinario que ha de regir durante el próximo año de mil novecientos tres; y fijada la Junta en toda minuciosidad en cada una de las partidas de que aquel se compone: visto que fue censurado por el Síndico y haberle prestado su asentimiento, la Corporación en sesión de tres del corriente, permaneciendo después expuesto al público por el término ordinario sin que contra él se halla producido la menor reclamación, la misma acordó aprobar dicho Presupuesto sin el menor obstáculo, fijando los ingresos en veinte y dos mil quinientas setenta y tres pesetas y los gastos en igual cantidad.
Pasando ahora a ocuparse la propia Junta de los derechos que deben satisfacer por el arbitrio sobre puestos públicos en calles y plazas, resolvió sean los siguientes:
Por cada cesta de la cabida de medio a dos ferrados de maíz que ocupe sitio en el Mercado con efectos para la venta, se pagarán cinco céntimos.
Por id  id de menor cabida de id dos céntimos.
Por id vara de cuatro cuartas cuadradas que se ocupe de sitio con mesa, banco, cajón o tarima, diez céntimos.
Por el sitio que se ocupe para la exposición de estampas, mesas de quincalla, ropa o loza, sino ocupara más de dos metros, veinticinco céntimos.
Por id  id  con tienda, de arrastre sino excediese de los dos metros, veinte céntimos.
Por los lugares que se ocupen con cualquier objeto excediendo de los dos metros antedichos, pagarán en proporción a los dos tipos anteriores.
Por un haz de leña o mimbre, dos céntimos.
Por cada carro o carromato que transite por las calles con efectos para la venta cuando estas consistan en castañas, patatas, pescado, trigo, centeno, maíz, frutas y legumbres, por cada vez que lo hiciere, veinte y cinco céntimos.
Por ídem  ídem  ídem  que  ídem  ídem   con otros objetos para la venta distintos de los expresados en el párrafo anterior, por cada día una peseta.
Por cada caballería cargada con cualquier clase de efectos para la venta que transite igualmente por las calles, satisfará diez céntimos.
Por cada cabeza de ganado que se venda, ya en la plaza, ya en las calles con destino al consumo inmediato, diez céntimos.
Por ídem  ídem  de cría llamado de segunda mano, cinco céntimos.
Por piara de ganado de cerda de la misma clase, veinte y cinco céntimos.
Por cada cabeza de ganado lanar o cabrío, cinco céntimos.
Por cada ave suelta que se conduzca en brazos, dos céntimos.
Por ídem  carro que ocupe sitio en la Plaza Mercado, cincuenta céntimos.
Por ídem  carromato que ídem  ídem , setenta y cinco céntimos.
Por cada coche que entre por las calles de esta villa bien sea alquilado o bien de línea, pagará por cada vez, veinte céntimos.
Así resulta del original de referencia; y a que conste expido la presente con el Vº Bº del Sor Alcalde en la Consistorial de Bueu a diez y seis de octubre de mil novecientos dos.
Firma
José Plácido Lino
Vº Bº

José Rodríguez



martes, 1 de agosto de 2017


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Hace algo más de 3 años (1/2/2014) puse una entrada en este blog titulada Gentilicio de Bueu: “Bueuense” o “Buenense” y, ya desde el año 2016, tenía pensado retomar el tema a raíz de conocer el libro “Os xentilicios de Galicia”[1] del profesor Xosé-Henrique Costas González, Si no lo he hecho hasta ahora ha sido por estar a la espera de si aparecía alguna directriz, a propósito do libro, por parte do Seminario de Onomástica de la Real Academia Galega o de la Asociación Galega de Onomástica (AGON).
Si de aquella, 2014, tenía muchas dudas sobre «buenense»[2]” (termino que ata me chirriaba) ahora, y luego de leer el libro citado, no tengo ninguna duda: ¡Eliminado de mi vocabulario!.
Por cierto, de los millares de documentos de todo tipo: notariales, religiosos, etc. que llevo visto en los últimos cuarenta años no recuerdo haber encontrado el gentilicio de Bueu. Las pocas veces que lo he visto ha sido en la prensa y, todos a partir de 1909, en artículos o crónicas en castellano.
Estos días estaba a releer un libro de reciente publicación donde había escrito “... no mundo da salga bueuense...” los correctores[3] pusieron “... no mundo da salga bueués...” corrección que he dado por válida sin ser consciente pleno en su momento y que ahora ha vuelto a encender las alarmas que tenía sobre el tema y recordé la página 43 del libro citado donde se da como gentilicio de Bueu: «bueués» / «bueuesa»
Consecuencia de esto lo he visto también en Galizionario. Dicionario galego. Wiktionary en la dirección https://gl.wiktionary.org/w/index.php?title=bueu%C3%A9s&oldid=596552que muestra:

Me causa un cierto placer pensar que una de las primeras referencias escritas donde se utiliza el gentilicio «bueués» sea en el libro que firmo con otros compañeros[4].   
Y que pasa con «bueuense»[5]? A pesar de estar en casi todo de acuerdo con el profesor Xosé-Henrique Costas todavía no sé si seguiré o no usando este término en el futuro y de hacerlo pienso que non me causaría ningún trauma[6].
Reflexionen sobre la nueva propuesta y mientras non haya directrices claras de los organismos competentes ustedes decidan...  ¡Yo ya lo tengo claro! 


[1] El libro se puede leer en la siguiente dirección de la Universidad de Vigo: http://anl.uvigo.gal/opencms/export/sites/anl/anl_gl/documentos/Xentilicios.pdf o reducido en https://goo.gl/rNWQDc. Aunque aconsejaría leerlo todo, decir que habla o cita Bueu en las páginas 14, 25, 32 e 43.
[2] Diario de Galicia do 28/5/1909 pág. 1 y 23/6/1909 pág. 2. En El Pueblo Gallego do 22/3/1924 pág. 6, 1/3/1929 pág. 17 o del 20/11/1927 pág. 15, 24/2/1928 pág. 8, 24/5/1928 pág. 14, 14/7/1928 pág. 13, 11/11/1928 pág. 9-10, 18/5/1929 pág. 6 10/7/1929 pág. 3, 8/8/1929 pág. 10, 26/3/1930 pág. 9, 26/11/1930 pág. 6, 21/1/1931 pág.11 o del 5/9/1956 pág 8.
[3] A los que le agradezco enormemente su trabajo.
[4] Travesía por tres momentos da Historia de Bueu. Autores: Fructuoso Díaz, Miguel Romaní, Pablo S. Otero, Xosé Manuel Cerviño e Arturo S. Cidrás. Coordinador: Salvador Castro. Edita Deputación de Pontevedra, 2017.
[5] Exemplo disto: A sección “Relieves bueuenses” en El Progreso dos anos 1915 e 1916. Ou  “… el paisaje bueuense,…” que dicía o corresponsal Carballeira en El pueblo Gallego do 25/04/1929 páx. 13. Ou mesmo na crónica deportiva, “… Dávila… único bueuense del equipo” El pueblo Gallego do 24/05/1962 páx. 8. “Con gran satisfación para los bueuenses...” El pueblo Gallego do 24/02/1965 páx. 14
[6] Ya que escribo, desde la modestia e intentando ser riguroso, para dar, informar, divulgar, poner en valor, etc. y no para amaestrar, pontificar, manipular, influir, imponer, etc.

lunes, 24 de julio de 2017

Con la llegada del verano recordé un artículo de Antonio Bóveda que recogiera hace años en el nº 3 de la revista mensual Mondariz del 20 de agosto de 1915 (pág. 10-13) titulado “Playas Gallegas”.
Su recuerdo non era tanto por el artículo en si como por la referencia a como se conocían a los veraneantes...
En esa época, inicios del siglo XX , la mayoría de las personas que venían a pasar parte del verano a los pueblos de nuestro litoral eran “campesinos de la región a los que los médicos recetaron contra la anemia, contra el escrofulismo, contra la raquitis, sumersiones en las aguas yodadas del mar”.
El mencionado artículo nos compara con pueblos y playas como la Concha donostiarra y el Sardinero santanderino, etc. indicando que eses pueblos saben sacarle partido a sus playas y nosotros, que poseemos muchas y con una gran variedad de tipologías, no sabemos quitar provecho a pesar de las muchas ventajas “sobre las tan ensalzadas del Norte”.

La culpa de todo se debe, a que “los gallegos, no supimos propagar nuestras bellezas ni expandir por el mundo nuestras virtudes; antes al contrario, pusimos especial empeño en achicar lo propio para que lo ajeno se destacase [...]  De ahí que las playas gallegas sean puco frecuentadas; no importando que haya, además del litoral costero, aires que son salud, paisajes que son de país escogido, alimentos sanos, y de suculencia no igualada, costumbres y usos pintorescos, afabilidad en los habitantes”. Como nada de esto se ha promocionado, así nos va... Si diéramos a conocer nuestras playas, tanto “las de brava y tumultuoso oleaje, como A Garda y A Lanzada, y las de mar apacible, como Cangas, Bueu, Ribeira, A Pobra, Muros, Sanxenxo,...”
Entre otros, como mal a solucionar indicar la forma de acogerlos y de bautizarlos con nombres despectivos: “«catalinos», en A Coruña; «mantidos», en Vilagarcía e Marín; «pouroanos», en Vigo”.
Esto me recuerdan otros nombres con los que se denominaban en Bueu. Hasta los años cincuenta del siglo pasado la denominación genérica a los que venian a pasar el verano era la de «veraneantes» y que a medida que comenzaron a venir muchos de Madrid, se pasó a identificar a todos como «madrileños». Y a partir de los años sesenta estos apelativos comenzaron a mezclarse con otros, «jodechinchos» y luego «chinchos», con lo que se ponía de manifiesto los inconvenientes que suponía el aumento de la población en la época estival: encarecimientos de precios por la mayor demanda, molestias en la utilización de servicios, etc.
Pero en la rede hay otras explicaciones que voy a poner como alternativas:
1º En Terras do Morrazo-Disionario da Rewvolusionaria Academia Morrasense:
Jodechinchos: jichos que invaden os nosos areais mairoritariamente no verán, aínda que alghún ten a súa "2ª" residencia intentando camuflarse na zona. Procedentes do outro lado da ría en grande parte. Gracias a eles tardamos catro horas en cruzar polo medio de Moaña e Cangas, ademáis reducen a velocidade da Vía Rápida, concretamente a 0km/h para protexernos de posibles accidentes, algo bo tiñan que ter. O termo ven de fai moitos anos: un sinal moi indicativo de que está a chegar o vrán no Morraso é que o peix na Plasa dispara o seu presio ata límites insospeitados, cando os chinchos un día van a 6€, o sejinte van a 12€.. e claro, un morrasense auténtico vai buscando a oferta máis baixa por toda a prasa, un turista (madrileño sobre todo) NON, arrampla co primeiro que vexa inda que custe a 20€ o kilo de chinchos. Cando o pobre morrasense vai buscar os chinchos, xa non queda ninjún! e maldice o ceo dicindo "Xa nos viñeron joder os chinchos!!"
Jodechinchos: (en las rías baixas, zona del Morrazo – Galicia), referido a aquellos individuos que resultan molestos en nuestras actividades diarias, aun siendo estos apreciados cuesta soportar su presencia y tienen una gran facilidad para conseguir trastocar nuestros planes.
(normalmente son turistas, que nos ocupan la mesa en el restaurante, o masifican nuestras playas, etc …).
Jodechinchos: Despectivamente, madrileño que acostumbra a pasar parte del verano en algún lugar de las Rías Baixas. Por extensión, forastero. También incluye ourensanos.

En la actualidad se están a utilizar para referirse a los que nos visitan en la temporada de verano como «veraneantes» y en esta y en el resto del año como termo genérico «turistas». Parece que vamos normalizándonos en el lenguaje, pero, sobre todo, en el respeto a los otros y por lo tanto a nosotros mismos. Muchos de nosotros en las vacaciones también podemos ser «jodechinchos», «chinchos», «catalinos», «mantidos», «pouroanos», etc. y seguramente que preferimos ser un ciudadano más sin tener que llevar etiqueta alguna…

sábado, 15 de julio de 2017

Hace meses que cayó en mis manos una deteriorada fotografía hecha por Francisco Lago “Paco Carballal” de una procesión en honor del Sagrado Corazón en Beluso. Por casualidad me puse a retocarla un poco y mientras estaba con labor me vino a la memoria una crónica leída hace tiempo en Galicia, diario de Vigo, en la que describía los actos de culto celebrados tal día como hoy (¡Más coincidencias!), pero un domingo 15 de julio de 1923.
Creo que vale la pena transcribir la información pues describe la fotografía de la procesión y da una idea clara de la relevancia social y religiosa de esta data:
“Gran brillantez revistieron los cultos que en honor del Sagrado Corazón de Jesús se celebraron en la parroquia de Beluso. La iglesia presentaba un aspecto hermoso.
A las siete de la mañana del día 15, se celebró la misa de comunión.
En la misa solemne a las once tocó magistralmente la orquesta de D. Ángel Rodulfo, como igualmente en la función de la tarde.
Las pláticas del triduo que estuvieron a cargo del párroco de Santa Cristina de Campaña don Francisco Chantada, cuya popularidad y fama de orador grandilocuente es general en toda la diócesis. Dirigió una vibrante alocución a todas las asociadas del divino Corazón.


A las seis de la tarde dieron principio los ejercicios, tocando la orquesta unos motetes y a continuación ocupó la sagrada cátedra el referido orador.
La procesión resultó grandiosa. Aunque muy concurrida en otras ocasiones, no lo fue tanto como la de este día.
Entre dos largas filas de fieles con velas encendidas, iba la cruz parroquial, estandarte del Sagrado Corazón de Jesús, que portaba D. Francisco Chantada, recogiendo las borlas los jóvenes D. Juan Davila Davila y D. Salvador Lago Carballal. Cuatro lindas niñas, con canastillas de flores, iban delante de la imagen. Seguía el párroco D. Ramón Penide Núñez, con capa pluvial acompañado de los coadjutores D. Mariano Álvarez y D. Ramón Torres, y cerrando la comitiva la banda de música de Moaña.
Reciba la asociación del Sagrado Corazón de Jesús, nuestra enhorabuena e igualmente el párroco señor Penide Núñez”.

lunes, 3 de julio de 2017

Non es nada extraña la relación de gentes de Bueu con la esclavitud. A pesar de que los que vamos a citar son los casos de personas relacionadas con Bueu que están mejor documentados, no son los únicos. Algunos casos más han sido transmitidos oralmente y se referían non tanto a tener esclavos en la casa como a traficar con ellos formando parte de barcos negreros. Algunas de las fortunas del siglo XIX y primero cuarto del s. XX provenían de esta actividad ilícita. Conocido era el caso de una persona de Cela que estando en Cuba se dedicaba al tráfico de personas gracias a lo cual compró muchas propiedades en su parroquia y en el centro de Bueu...

Año de 1562
De Francisco Gago, párroco de Bueu tenemos constancia documental de que capitaneaba las violentas acciones de feligreses de Hío, Aldán y Beluso contra los atalayeros de los cercos de Cangas. Cierto día advertido de que el atalayero Alonso Vidal intentó cortar las redes de las sacadas del cura e de sus hijos Francisco y Juan se armó con una ballesta y una espada. Y así, acompañado de su esclavo, con una lanza, fueron detrás de Alonso Vidal que huyó hacia su barco. Pero el cura entró en el barco detrás del y quiso que se diese por preso mientras tanto los hijos y el esclavo lo atacaban con las armas haciéndole una herida en un “braço que le rompieron cuero e carne e salió sangre...” 
A.Reino Galicia Secc. Vecinos Mazo 17465/11, sf.    


Año 1698
A través del testamento do abad de Bueu y Comisario do Santo Oficio, Fernando de la Rúa y Freire, tenemos conocimiento que le había dejado a su sobrino Baltasar Melchor de la Rúa Freire un esclavo llamado Domingo San José que tenía en su casa. Este “esclavo, mosso alto de cuerpo, con una cruz en los pechos, al lado derecho y otra en el braço del mismo lado que non se declara ben; el cual comprara hacía muchos años y como tal esclavo le había servido en casa fielmente.”
Aunque el testamento ponía que el esclavo le serviría por espacio de cuatro años, Baltasar Melchor acudió ante un escribano para darle carta de libertad “como si legítimamente le hubiera servido dichos cuatro años enteros”.
A. H. Provincial de Pontevedra

Año 1830     
 Esteban Antonio del Río vecino de Meiro en su testamento dejó varias casas y fincas en la ciudad de Buenos Aires e una casa en Meiro, así como dinero, acciones,.. Una pequeña parte del capital fue para su sobrino José Antonio del Río e el resto:
“Declaro ser mi voluntad que mis dos esclavos José y María queden libres después de mi fallecimiento, encargo   a mi albacea les otorgue en este caso su respectiva carta de libertad. Entregándoles además todos los muebles y ropas de mi uso, aperos de labranza y cincuenta pesos a cada uno remunerándoles dese modo sus buenos servicios y encargándoles continúen prestármelos hasta mis últimos días. Últimamente cedo en favor de María el Patronato que la Ley acuerda sobre sus hijos y además dono a su hija Inés cien pesos que mi albacea le entregará de mis bienes [...]
Es mi voluntad que mi albacea reduciendo todo a moneda metálica establezca y funde con todas las seguridades que exige la Ley. Yo quiero tres establecimientos a perpetuidad en el lugar de mi nacimiento la Aldea de Meiro siendo lo principal una escuela de primeras letras; en segundo un facultativo Médico para asistir gratis a todos os enfermos pobres de la feligresía y además que exijan su asistencia, y el tercero una capellanía Eclesiástica con la obligación de decir una misa rezada todos los días festivos y de misa...” 

sábado, 17 de junio de 2017

La supresión de las Órdenes religiosas y, como consecuencia de ésta, las exclaustraciones de los religiosos promulgadas, sobre todo en 1820 y 1835 fue un ataque directo al estamento religioso que defendía postulados absolutistas, tradicionalistas... (encarnado en los carlistas) contrarios al pensamiento liberal en el poder por esas fechas. También fue preludio a un nuevo asalto a las grandes propiedades ‘improductivas’ que los monasterios poseían. Lo hicieron a través de leyes de Desamortización, como la de Mendizábal[1] (1836-37), que afectaron básicamente a las propiedades pertenecientes al clero regular.
Con fecha 1 de enero de 1839 la Dirección General de Estudios del Gobierno Central acordó una serie de requisitos para que los religiosos exclaustrados y otros[2] pudieran establecer escuelas públicas de primera educación, u optar a las dotadas en los pueblos sin hacer los exámenes para maestros de primeras letras. Para eso tenían que solicitar el título acreditativo presentando los siguientes documentos: certificado de nacimiento, certificado de buena conducta, partida de bautismo y atestados del ayuntamiento y del párroco del pueblo de residencia, grados literarios, etc. para, a la vista de los documentos resolver si pueden ser eximidos o non del examen.

A raíz de esto parece ser que un monje exclaustrado, Lorenzo Pereira, residente en Cela eleva una instancia con la solicitud de exención de exámenes acompañándola de la documentación pertinente, a Jefe Político e Intendente de Pontevedra, José Valladares[3]. Este solicita a su vez al alcalde de Bueu, Salvador Marty, que le informe sobre la conducta política y moral del solicitante:
 “Para resolver sobre una instancia presentada en este gobierno político por D. Lorenzo Pereira, religioso ex-claustrado del extinguido convento de Sn Francisco de Monforte, vecino de Sta María de Cela, he acordado que ese Ayuntamiento me manifieste cuanto le conste o pueda indagar sobre la conducta política y moral del suplicante, a quién hará V. entender que debe justificar por medio de certificación no hallarse sujeto al servicio militar.
que a V. ms a Pontevedra 26 de Agosto de 1939
José Valladares”

De la resolución administrativa nada sabemos. La respuesta a si estaba o non sujeto a la obligación del servicio militar si conocemos que ha tenido que ser negativa dado que en ese mismo año, Lorenzo Pereira estaba en las listas de la Quinta para ser soldado e en el reparto y sorteo de plazas, del 9 de febrero de 1839, celebrado en el Ayuntamiento ante el alcalde primero Manuel González, sale exento de la obligación del servicio obligatorio. 
Y con respecto a los titulados como maestros en el Ayuntamiento de Bueu decir que no figura como tal, al menos hasta el año 1844. Por lo que hasta ahora seguimos sin saber si le han dado o no el título de maestro de primeras letras.



[1] Juan Álvarez Mendizábal, ministro da regente Mª Cristina de Borbón.
[2] Sacerdotes secularizados de Escuelas Pías, graduados de bachilleres en facultades mayores…
[3] José Valladares Como Gobernador Civil también en este período era Presidente de la Diputación.